Asegurar lo imprevisto
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Hasta ahora, el evento siniestral más fuerte ocurrido en México ha sido el huracán Wilma, en 2005. Para la industria del seguro, este fenómeno natural provocó daños por 1, 700 millones de dólares. La catástrofe, sumada a otros grandes desastres en lo que va de los 2000, llevó al sector asegurador a cambiar algunas cosas.
CUERPO DE TEXTO
El calentamiento global y otros factores han provocado que los desastres naturales sean cada vez más comunes. Basta revisar la última década para saber que el planeta se ve sorprendido continuamente por tsunamis, temporadas inusuales de huracanes, terremotos, sequías, inundaciones y otras catástrofes. Todo esto ha exigido prestar mayor atención a los riesgos catastróficos, detonando revisiones, y la realización de estudios y evaluaciones sobre lo que implica asumir el riesgo derivado de una catástrofe natural.
La magnitud de las pérdidas ocasionadas por una catástrofe depende no sólo de la intensidad de las fuerzas naturales en acción, sino de otros factores como el diseño de los edificios, la región en la que se encuentren y los planes de contingencia en acción. Por ello, aseguradoras y reaseguradoras utilizan intensivamente software especializados en el diseño de modelos probabilísticos de pérdidas potenciales a causa de catástrofes naturales y generadores de escenarios catastróficos. Típicamente, los software comprenden un módulo que incluye un generador de escenarios de catástrofes, y un segundo módulo diseñado para evaluar el impacto económico de los escenarios catastróficos generados en la cartera de módulos que se esté analizando.
Eva Mellado, directora adjunta del Área de Daños de Aon Risk Services, refiere que después del 2005, “el primer módulo fue mejorado, mientras que el segundo recibió severas críticas. Y es que aunque el evento catastrófico ya había ocurrido y sus parámetros físicos eran conocidos, el software falló al subestimar las pérdidas aseguradas resultantes de Wilma”.
El huracán Wilma, Katrina y, en general, las inusuales temporadas de huracanes que se han vivido en los últimos años han conducido entonces a una seria recalibración y mejora por parte de la industria aseguradora y reaseguradora. Esa recalibración ha llevado a una mejor reevaluación de los riesgos catastróficos tomados por las compañías aseguradoras. Las reaseguradoras, por su parte, han entendido que su exposición a estos riesgos es más alta —en algunos casos significativamente más alta— de lo que se tenía previamente estimado.
De ahí la necesidad de contar con herramientas más adecuadas para calcular con mayor precisión la verdadera magnitud de los riesgos catastróficos tomados por las compañías aseguradoras.
Concentración de riesgos
Hoy, incluso después de Wilma, es difícil calcular la evaluación de riesgos de catástrofes naturales, no sólo por el elevado número de pólizas de seguros afectadas simultáneamente, sino también porque éstas presentan un potencial de daños muy superior. Además, los grandes eventos registran periodos de retorno prolongados. Por eso, después de un largo tiempo sin siniestros, a menudo se subestima la posible magnitud de un desastre.
“Esa es la razón —explica Eva Mellado— por la que las agencias calificadoras y los reguladores prestan especial atención al riesgo de que una aseguradora quiebre como resultado de una catástrofe natural. De ahí que la mayoría de estas agencias hayan modificado sus lineamientos para determinar la fortaleza financiera de una compañía de seguros y ahora usen el modelo 1-en-250 años por evento catastrófico, en lugar del 1-en-100 años como medida de exposición a una catástrofe.”
Con estas providencias y con la mejora de los sistemas, la industria aseguradora está mejor preparada para catástrofes futuras gracias a una administración más eficiente de ese tipo de riesgos.
Evaluar el riesgo
A pesar de los enormes progresos de la ciencia, las catástrofes naturales siguen siendo imprevisibles. Sin embargo, en los últimos años se ha avanzado en la comprensión de las causas y los efectos de un desastre natural, y esos conocimientos se han traducido en el trazo de mapas de riesgos naturales, normas de construcción y planes de emergencia que proporcionan una mejor protección frente a fenómenos naturales que, según algunos pronósticos, prometen aumentar su frecuencia e intensidad.
El aumento de la temperatura de las capas inferiores de la atmósfera en los últimos cien años y la emisión de gases de efecto invernadero han alterado el ciclo hidrológico, de modo que los modelos climáticos planetarios pronostican un aumento estacional de la intensidad y la frecuencia de las precipitaciones en diversas zonas del mundo.
Por eso, como dice Eva Mellado, son muchas las cosas que diferencian el aseguramiento contra un desastre natural frente a, por ejemplo, un incendio. Un incendio afecta comúnmente a un solo edificio o, como máximo, a un conjunto de edificios o a una instalación industrial. Por el contrario, cualquier desastre natural ocasiona daños territoriales de decenas o cientos de miles de km2. También afecta a muchos individuos, por lo que se habla de “cúmulo catastrófico”.
“De ahí que los riesgos sean sustancialmente más difíciles de evaluar en eventos siniestrales extremos —señala la especialista—. De hecho, cualquier valoración cuantitativa exige modelos de análisis de extensas regiones con gran número de bienes asegurados. Además de fluctuaciones extremas de siniestralidad y del cúmulo catastrófico, también es necesario considerar las grandes diferencias locales de peligrosidad. Si en un riesgo de incendio tienen su importancia factores específicos como el tipo de construcción, la ubicación geográfica carece de trascendencia. Por su parte, cuando se habla de eventos naturales, la localización geográfica resulta crucial.
“Asimismo, en el seguro contra fenómenos de la naturaleza es determinante la información sobre los valores expuestos al riesgo. Estamos hablando aquí del llamado “Control de cúmulos”. De hecho, un buen Control de Cúmulos constituye un requisito indispensable para efectuar una estimación válida del riesgo económico derivado de la ocurrencia de un fenómeno natural.”
Estimación del riesgo… ¿Pueden
predecirse las catástrofes naturales?
A pesar de la constante investigación, aún no se han conseguido desarrollar métodos fiables de predicción de terremotos. En el caso de tormentas o inundaciones, el plazo de alerta previa es, en el mejor de los casos, de algunos días.
Sin embargo, subraya Eva Mellado, “a pesar de su carácter impredecible, existe la posibilidad de pronosticar cuántos eventos y de qué magnitud podrán ocurrir en el curso de un período prolongado. Este enfoque estadístico, basado en un catálogo de eventos históricos, establece una relación entre la frecuencia y la intensidad de un fenómeno natural. Es así como se ha desarrollado un conocimiento especializado para realizar una estimación general del riesgo”.
Con un modelo de los peligros de la naturaleza se intenta simular los siniestros por catástrofes naturales que se espera ocurran en la realidad. Para ello, se depende de cuatro factores que confluyen en la elaboración de modelos de siniestros. Su cuantificación, primero por separado y luego en combinación, es muy útil en la evaluación de eventos siniestrales, sea una tormenta, una inundación, un terremoto o cualquier otro peligro natural:
- Exposición
¿Dónde, con qué frecuencia y con qué intensidad se producen los eventos siniestrales?
La exposición a los peligros naturales se expresa en la distribución espacial, la frecuencia y la intensidad de los eventos. Para cuantificar estos parámetros se utilizan catálogos de los sucesos registrados históricamente y conocimientos científicos sobre las características físicas de las fuerzas naturales en cuestión. Los mapas de riesgos de peligros de la naturaleza pueden considerarse como una imagen esencial de conjuntos de eventos representativos.
- Vulnerabilidad
¿Qué daños sufren los bienes asegurados a cada intensidad del evento?
A pesar de que la intensidad de una catástrofe sea muy similar a la registrada por un desastre anterior, la magnitud de los daños que ocasiona puede ser muy distinta. Así, los edificios suelen sufrir daños de diverso grado, en función del tipo de construcción, su antigüedad o su altura. Lo mismo sucede con respecto al contenido de las edificaciones y según se trate, por ejemplo, de un comercio pequeño, una tienda de electrodomésticos o una fábrica.
- Distribución de valores
¿Dónde se encuentra cada clase de bienes asegurados y cuál es su valor?
La ubicación (intensidad) y la clase de los objetos asegurados (vulnerabilidad) son dos puntos sensibles. Para poder cuantificar los daños económicos es preciso conocer, además, el valor de los bienes asegurados. Su correcto registro (“control de cúmulos”) es un requisito esencial para evaluar el riesgo. Para el registro y el intercambio de datos existen diversas normas (CRESTA, Zonas de Huracán y Terremoto AMIS).
Las denominadas zonas CRESTA constituyen hoy una norma mundial en la industria aseguradora para la subdivisión geográfica de los datos de seguros. La organización CRESTA busca concienciar sobre la necesidad del realizar el control de cúmulos y desarrollar normas para el registro de datos de riesgos asegurados.
- Condiciones del seguro
¿Qué proporción de los daños está asegurada?
Las condiciones de aseguramiento, los deducibles y los límites son instrumentos importantes para el asegurado y la compañía de seguros para limitar su participación en los eventos catastróficos.
“Al final, la combinación de estos cuatro factores y el trabajo de los equipos experimentados de Aon Risk Services —concluye Eva Mellado— nos permite realizar una mejor evaluación, donde lo importante es cuantificar y valorar los bienes expuestos a los riesgos propios de cualquier desastre natural.”
Los siniestros de catástrofes naturales asegurados
más caros de los últimos 20 años
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Daños asegurados (millones de dólares) Daños materiales y pérdida de beneficios |
Fecha |
Evento |
País |
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71,300 |
25.08.2005 |
Huracán Katrina: inundaciones, rotura de presas y daños a plataformas petrolíferas |
Estados Unidos, Golfo de México, Bahamas, Atlántico Norte |
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24,552 |
23.08.1992 |
Huracán Andrew: inundaciones |
Estados Unidos, Bahamas |
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20,337 |
17.01.1994 |
Terremoto de Northridge (M6.6) |
Estados Unidos |
|
20,000 |
06.09.2008 |
Huracán Ike: inundaciones y daños en plataformas petrolíferas |
Estados Unidos, Caribe, Golfo de México |
|
14,680 |
02.09.2004 |
Huracán Ivan: daños en plataformas petrolíferas |
Estados Unidos, Caribe, Barbados y otros |
|
13,847 |
19.10.2005 |
Huracán Wilma: lluvias torrenciales e inundaciones |
Estados Unidos, México, Jamaica, Haití y otros |
|
11,122 |
20.09.2005 |
Huracán Rita: inundaciones y daños en plataformas petrolíferas |
Estados Unidos, Golfo de México, Cuba |
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9,176 |
11.08.2004 |
Huracán Charley: inundaciones |
Estados Unidos, Cuba, Jamaica y otros |
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6,328 |
18.01.2007 |
Tormenta invernal Kyrill: inundaciones |
Alemania, Reino Unido, Bélgica y otros |
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4,334 |
13.09.2004 |
Huracán Jeanne: inundaciones y deslizamientos de tierra |
Estados Unidos, Haití y otros |
|
4,000 |
26.08.2008 |
Huracán Gustav: inundaciones y daños en plataformas petrolíferas |
EU, Caribe, Golfo de México |
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