Hacia destinos y empresas turísticas neutrales en carbono

Vicente Ferreyra Acosta / Coordinador de Turismo Sustentable / WWF
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¿Se imagina poder reducir su impacto ambiental al mínimo? O, mejor aún, ¿que sus actividades no generen ningún impacto ambiental? Piense en unas vacaciones en un lugar paradisíaco, con bellezas naturales, buena comida, servicios de calidad, diversión, pero que además de ofrecer una gran experiencia, se asegure de causar el menor impacto ambiental posible. ¿Es factible?

Contabilizar y minimizar nuestro impacto ambiental ha sido objeto de diversos estudios y metodologías. Entre éstas, una de las más importantes es la llamada “huella ecológica”, definida como “la demanda de la humanidad sobre la biosfera en términos del área de tierra y mar biológicamente productiva requerida para proporcionar los recursos que utilizamos y para absorber nuestros desechos”. En años recientes, con el interés que se ha generado en el mundo por el cambio climático, uno de los indicadores de la huella ecológica más utilizados es, sin duda, la huella de carbono, o, lo que es lo mismo, la cantidad de Gases Efecto Invernadero (GEI) que producimos en cada actividad que realizamos. La idea de minimizar o “reducir a cero” estas emisiones, se conoce como neutralidad en carbono.

El compromiso de reducción de GEI, firmado en Kyoto en 1997, finaliza en el año 2012, y los países se encuentran desde hace algún tiempo negociando un acuerdo post-Kyoto, que permita revertir el cambio climático. Estas negociaciones tienen su culminación en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que tendrá lugar Copenhague, Dinamarca, en diciembre del 2009. En dicha reunión, los gobiernos del mundo se reunirán para trabajar en un nuevo acuerdo climático que permita al mundo reducir las emisiones de GEI para el año 2050 en forma suficiente para asegurar un aumento de temperatura global no mayor de 2°C.

            El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha trabajado como un importante promotor e impulsor de acciones para mitigar los efectos del cambio climático y cumplir los compromisos del Protocolo de Kyoto. Una de las acciones más difundidas a nivel global es la campaña conocida como la “Hora del Planeta”, que en 2009 unió a cientos de millones de personas de 4,088 ciudades en 88 países para apagar sus luces una hora y darle un respiro al planeta.

            Si bien es cierto que 2009 es un año clave para el futuro climático del planeta, los esfuerzos por medir la huella de carbono y, sobre todo, por minimizarla, surgieron hace varios años desde los gobiernos locales, la iniciativa privada y la sociedad en su conjunto. Y en turismo no es la excepción.

            De acuerdo con el documento “Climate Change and Tourism: Responding to Global Challenges”, sin tomar en cuenta la aviación comercial, el sector turismo es responsable de 3% de las emisiones de GEI a nivel global y, de acuerdo con las proyecciones, de seguir con la misma tendencia, esta cifra aumentará 2.5% anual de aquí al año 2035. Ahora, si tomamos en cuenta la aviación, la mal llamada “industria sin chimeneas” es responsable de 5% de las emisiones antropogénicas de Gases Efecto Invernadero.

            Para el Foro Económico Mundial (WEF) la medición de la huella de carbono en el sector de Viajes y Turismo debe realizarse para cinco actividades principales: transporte terrestre, transporte aéreo, transporte acuático, hospedaje y actividades turísticas. El reto para el sector es disminuir la emisión de gases efecto invernadero en cada una de estas actividades.

Para hacerlo, lo primero que necesitamos es identificar la cantidad de emisiones que producimos, para después saber de qué forma las vamos a disminuir. ¿Y cómo se identifican y cuantifican las emisiones?

            A nivel global, existen varias metodologías que permiten medir la huella de carbono. Algunas de ellas son el GHG Protocol, diseñado por el  World Resources Institute (WRI) y el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), la norma ISO 14064 y la metodología británica PAS 2050, elaborada por BSI British Standards. Todas estas metodologías utilizan una unidad de medida conocida como unidades de CO2 equivalentes.

            También existen herramientas web donde, de forma sencilla, se puede medir la huella de carbono, como la desarrollada por WWF Reino Unido para cinco sectores, y que puede encontrarse en la siguiente dirección electrónicahttp://footprint.wwf.org.uk/.

            Para turismo, una herramienta muy interesante es la desarrollada por Climate Friendly, organización australiana que utiliza el GHG Protocol para contabilizar las emisiones de carbono. En su página web (https://climatefriendly.com/shop) podemos conocer, a nivel personal o empresarial, nuestra huella de carbono. Aquí se puede identificar, por ejemplo, que en cada viaje redondo por avión en la ruta Cancún-Ciudad de México-Cancún, estamos generando de forma individual un total de 0.8 toneladas de carbono equivalentes.

            En la actualidad, hay pocos ejercicios de medición de huella de carbono en turismo. Uno de los más interesantes es el desarrollado por la oficina de WWF en Alemania, publicado en 2008 y titulado The Tourist Climate Footprint. En este ejercicio se evalúa la huella de carbono de los alemanes que viajan a diversas partes del mundo. Es interesante notar que cuando un alemán visita Cancún, su huella de carbono durante todo su viaje, incluyendo el desplazamiento ida y vuelta, hospedaje, consumo de alimentos y tours y actividades, es de 7.2 toneladas de carbono por persona.

Una vez que conocemos nuestra huella de carbono, la pregunta obligada es ¿qué hacemos para disminuirla? Lo más recomendable es implementar acciones para reducir directamente la emisión de GEI, a nivel personal (viajando menos, comprando responsablemente, utilizar menos recursos, reciclando) o empresarial (usando combustibles alternativos, cambiando los autos tradicionales por autos eléctricos o híbridos, reduciendo el consumo de electricidad en las instalaciones, comprando productos locales).

            Sin embargo, en ocasiones no es posible cambiar estos hábitos, o el costo de cambiarlos es excesivamente elevado. La otra opción es invertir en proyectos que aseguren una disminución de emisiones de CO2 equivalentes, como por ejemplo reforestar áreas, invertir en proyectos de conservación de selvas o bosques (recordemos que los árboles capturan CO2 y evitan que éste vaya a la atmósfera), o apoyar económicamente proyectos de generación de energía alternativa, entre otras opciones.

            A este proceso de inversión en proyectos de reducción de emisiones se le conoce como compensación de emisiones, es decir, si yo no puedo reducir mi huella por mí mismo, puedo pagar para que alguien más reduzca las emisiones que yo genero. El objetivo final es el mismo, reducir las emisiones globales y trabajar para que nuestras actividades sean neutrales en carbono, o lo que es lo mismo, disminuir nuestras emisiones a cero. Por supuesto, esto no es motivo para dejar de implementar acciones individuales de reducción de emisiones de forma inmediata; por el contrario, es la combinación de estas dos estrategias lo que tiene un mayor impacto en nuestra reducción de emisiones.

            Volviendo el ejemplo del viaje Cancún–México-Cancún, Climate Friendly asegura que invirtiendo $250 pesos en proyectos de conservación, podemos compensar nuestras emisiones del vuelo y por tanto, tener un viaje neutral.

            ¿Es posible imaginar que nuestros destinos y empresas turísticas lleguen a ser neutrales en carbono? Sería muy interesante presumirnos preocupados, pero, sobre todo, ocupados en neutralizar nuestras emisiones de carbono, como ya lo están haciendo otros destinos y empresas turísticas del mundo.

            Los pasos para tener en Quintana Roo destinos y empresas turísticas neutrales en carbono son:

Primero: medir la huella de carbono que generamos.

  • A nivel empresarial, se puede usar alguna metodología de las anteriormente mencionadas.
  • A nivel destino, convendría diseñar una metodología local para medir la huella de carbono de los turistas, adecuada a la realidad del destino y las actividades que realizan.

Segundo: identificar el potencial de reducción de emisiones y desarrollar esquemas de compensación (carbón offsets).

  • A nivel empresarial, realizar un estudio para saber cuánto puedo reducir realizando inversiones en las instalaciones o implementando buenas prácticas ambientales.
  • A nivel destino, trabajar para identificar proyectos en la región con potencial de captura de CO2, o de generación de energía alternativa, y medir este potencial.

Tercero:compensar y reducir nuestras emisiones.

  • A nivel empresarial, realizar los cambios en operación e instalaciones para reducir emisiones hasta los niveles mínimos y a su vez compensar las emisiones  mediante inversiones en proyectos de captura de CO2 que sean científicamente  verificables y operados por organizaciones reconocidas,
  • A nivel destino, dar información al turista de la huella de carbono de su viaje, y darle posibilidades de reducirla e invertir en proyectos locales.

Cuarto: certificar o verificar, mediante un ente externo acreditado, que las empresas y destinos de Quintana Roo son neutrales en carbono.

El primer paso ya se ha dado en algunas empresas y destinos turísticos del mundo. Es importante que nos sumemos a este esfuerzo para mejorar nuestra competitividad y liderar el cambio hacia un sector turístico neutral en carbono, para beneficio de nosotros, la naturaleza que disfrutamos y de las próximas generaciones.

Créditos: Vicente Ferreyra Acosta, coordinador de Turismo Sustentable , Programa Arrecife Mesoamericano, Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF.
Fuente: Informe Planeta Vivo 2008, WWF Gases causantes del calentamiento global: 1. Vapor de agua (H2O), 2. Dióxido de carbono (CO2), 3. Metano (CH4); 4. Óxidos de nitrógeno (NOx), 5. Ozono (O3), y 6. Clorofluorocarburos (artificiales). Documento publicado en octubre de 2007 por la Organización Mundial del Turismo (WTO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Organización Meteorológica Mundial (WMO) El gas efecto invernadero más común es el dióxido de carbono (CO2). Por esta razón, los otros 5 GEI se miden en unidades de CO2 equivalentes.