La exploración de Río Secreto

Otto von Bertrab / Alltournative
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Fue en noviembre del 2006 cuando hice mi primera visita a Río Secreto. Como director de Expediciones de Alltournative, mucha gente me invita a conocer lagunas, cenotes y cuevas de la región. Durante los últimos 10 años he visitado incontables sitios, pero nada comparado a lo que estaba a punto de conocer. Don Cleofas Poot, el propietario del predio, me recibió en un hermoso jardín que había logrado mantener con mucho esfuerzo en medio de la selva. Me dio la bienvenida y me indicó que sería Efrén Ulloa, su compadre, quien me mostraría el cenote.

            Bajamos por una escalera hasta un salón de aproximadamente ochenta metros de largo por treinta de ancho. Del techo colgaban innumerables estalactitas de distintos tamaños y colores. Inmediatamente, supe que era un lugar especial. Como es natural: donde hay estalactitas casi siempre hay estalacmitas, así que el salón mostraba una belleza sorprendente. Y por si fuera poco, en medio del salón había una alberca de agua cristalina a la cual no tardé en ingresar.

 

Efrén, mi guía, me indicó que si nadábamos hasta el extremo Oeste de la galería podíamos llegar hasta otra área, que recién habían descubierto. Pronto, revisamos nuestras lámparas y continuamos adelante por el agua. Después de atravesar por un paso estrecho, llegamos hasta una encrucijada de caminos que resultó ser un largo pasaje, una enorme alberca que nos llevó a otra gran galería; allí definitivamente nos detuvimos a contemplar. Al hablar de decoraciones, me refiero a las formaciones geológicas llamadas espeleotemas. Ante nuestros ojos había todas las variantes posibles: Estalactitas y estalacmitas, que crecen en lugares secos, o que alguna vez lo estuvieron, columnas, formadas por la unión entre las primeras y las segundas, Gours o represas, que son murallas de distintos tamaños que retuvieron el flujo del agua, Perlas, Coladas o Cortinas, Helictitas, Corales y muchas otras formas minerales caprichosas que aún no aparecen en los libros de espeleología. ¡Nos encontrábamos en un paisaje increíble! ¡En un mundo fantástico, mágico y desconocido! A esta galería, la llamamos “Corazón”. Continuamos hacia el Norte hasta llegar a otro salón que denominamos “Manantial”, donde se encuentra el “Palacio”. Allí pudimos ver que la cueva continuaba, pero bajo agua. Eso marcó el fin de un día más de exploración.

Efrén me contó que don Cleofas había invitado a unos buzos de cueva para continuar explorando y que, en efecto ellos habían descubierto que después de ese sifón, la cueva continuaba. Desafortunadamente no me pudieron dar los datos específicos de estos previos exploradores.

            La primera visita me dejó fascinado. Durante el corto recorrido pude ver que había pasajes a seguir hacia los lados, pero sabía que para hacerlo necesitaría del equipo necesario: lámparas acuáticas de respaldo, casco, línea de vida, primeros auxilios, brújula y, por supuesto, compañeros especializados.

            Volví al día siguiente, mejor preparado y en compañía de Tania Ramírez y Alfredo Leal, ambos espeleólogos y buzos con experiencia. Esta vez traíamos el equipo necesario para incursionar los enigmas del Río Secreto. Antes que nada platicamos largo con Cleofas y Efrén respecto al sistema, y ellos nos revelaron que en alguna ocasión habían encontrado otra salida, pero que no les gustaba ir allá, pues se encontraba en otro predio. Nos dieron las indicaciones, y ese fue nuestro primer objetivo.

            Efrén, evidentemente quien mejor conocía el sistema, nos acompañó; y después de tan sólo un par de horas de recorrido, llegamos a una salida natural. Los cuatro miembros del equipo nos dispersamos en el área iluminada, a la que en términos de buceo se le llama Caverna. Y todos volvieron con noticias de que habían encontrado más pasajes por donde seguir.

            Ingresamos por uno de ellos, que en un inicio parecía ser una entrada más pequeña que los salones anteriores. Pero nos fuimos sorprendiendo a cada paso, ya que la variedad de espeleotemas era sorprendente y, sobre todo, los distintos colores provocados por los diferentes minerales. Llegamos hasta un salón donde, de manera inmediata, vimos que en el agua había peces ciegos, una especie de pez albino (incoloro) adaptado al hábitat de la cueva y muy difícil de encontrar. En esa misma alberca, contemplamos una amplia variedad de fauna como camarones de cueva, de varios tamaños, bagre y, por supuesto, murciélagos frutales.

            El ecosistema subterráneo es en verdad delicado. El hecho de poder encontrar tanta fauna implica un hábitat sano e inalterado. Cada especie tiene una importante función en el proceso de vida; todas las especies están ligadas. Por ejemplo: los murciélagos frutales salen de la cueva por las noches y dejan caer residuos de su alimento, que luego se convierte en el alimento de las especies que habitan bajo el agua.

Un mundo fascinante. Queríamos seguir adelante. Sin embargo, antes de continuar con la exploración, era indispensable pedir permiso al propietario del predio, así que con la ayuda de don Cleofás, investigamos que el dueño era don Chiló Morales.

            La búsqueda de don Chiló fue un poco más complicada que la exploración de la cueva, ya que el señor se encontraba enfermo y no sabíamos bien si lo habían llevado a Veracruz, su tierra natal, o a Mérida, para su tratamiento. El caso es que finalmente dimos con Jerónimo Morales, hijo de don Chiló, a quien su padre había otorgado el usufructo del predio. Jerónimo, por su parte, quien ya había explorado una parte del sistema, nos contó que antes que él, un “Gringo de Pa Mul” había hecho varias incursiones. Buscamos al gringo en Pa mul y no dimos con él, por lo cual decidimos que en vez de buscar a los anteriores exploradores, sería más productivo seguir la exploración por nuestra cuenta.

            Con esta convicción comenzamos a ingresar a la cueva dos a tres veces por semana en un período de ocho meses. Cada vez que entrábamos, nos quedábamos más impresionados, y el sistema nos cautivó. Explorábamos de noche y durante el día sólo platicábamos de lo que habíamos encontrado.

 Dentro de Río Secreto el tiempo es relativo. El día y la noche es prácticamente lo mismo. La temperatura siempre es estable y las modificaciones por la lluvia sólo se perciben por el chorreo de las coladas, el goteo de las estalactitas y, en períodos prolongados de lluvia o sequía, el nivel del agua. Durante ya más de un año hemos logrado conocer más de cinco mil metros del sistema, identificando un total de siete salidas naturales.

            Los miembros apasionados de esta exploración —Tania, Efrén, Cleofas, Alfredo, Jerónimo y un servidor— nos hemos convertido en guardianes y protectores de esta maravilla. Con la valiosa asesoría de Gustavo Vela y otros especialistas, hemos creado un plan de manejo turístico seguro y responsable. La intención es compartir esta maravilla con el objeto de poder crear una reserva natural y así preservarla para muchas generaciones futuras.

 Meditación del Río Secreto

Cuando creí haberlo visto todo, descubrí que aún no conocía nada. Hasta ese momento me había perdido de la experiencia suprema. Todo lo que había conocido tenía sentido solamente para atestiguar lo que tenía enfrente. Después de conocer la superficie del mundo, daría cualquier cosa por volver a ser impresionado. La experiencia suprema me ha llevado hacia ese palacio sin fronteras que nunca pensé que existiera. Bajo tierra está el tesoro y la entrada frente a mí.

            Al caminar, escucho mis pasos que quebrantan el silencio milenario. Las columnas de cristal reflejan en colores los destellos de la luz que cargo. Mi paso resuena musical, haciendo eco entre las olas que se forman en la aguas de claridad perfecta. Esta caverna es un templo, un palacio de cristal donde está marcada la historia de la Tierra.

            ¡La Tierra está Viva! Palpita. Cada gota que cae, filtrada por la estalactita, va dejando una partícula para que la vida siga madurando. Abajo, la estalagmita se alimenta de los residuos de esa gotita que sigue su curso formando una alberca de agua pura. La vida submarina florece milagrosamente en la oscuridad total y decenas de especies viven adaptadas a la sombra, a la ausencia absoluta del sol. En eterno movimiento, el agua continúa formando represas perfectas, un estriado curvo de muros cristalinos de cristal de calcio. Desde las dunas blancas de sedimento, surgen torres perfectas como ninguna obra humana ha logrado, hongos gigantescos, más frágiles que la porcelana, un espectáculo para verse de lejos, una maravilla para quedar impresionado.

            Se me ha olvidado de dónde vengo, ya no recuerdo quién soy. El tiempo ha dejado de fluir y el espacio es tan relativo que no sé a dónde voy. Me dejaré llevar por esta sensación; jamás imaginé poder penetrar las entrañas de la Tierra y allí encontrar las perlas invaluables de la admiración. La experiencia suprema es la Madre, el padre de todos los cenotes, la cueva más bonita del mundo, la más segura y amigable, la más frágil. Las cortinas se comienzan a cerrar al ver la luz de la salida.