Sigfrido Paz Paredes

Miguel Ángel Meza / Director Editorial / Consejo Coordinador Empresarial del Caribe
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Cuando se piensa en Sigfrido Paz Paredes, la primera imagen que viene a la mente es la de uno de los expertos más reputados en materia turística, especialmente en lo que se refiere a la problemática de un polo de desarrollo como Cancún. Pocos recuerdan tal vez que el hoy asesor de importantes grupos de desarrolladores turísticos (como Grupo El Cid, Grupo Cancún o Grupo Sunset), fue el encargado de construir la primera pista aeronáutica de Cancún, ubicada en los años setentas en la que hoy es la avenida Kabah, frente a la actual Mega Comercial Mexicana. Probablemente pocos saben que aquel joven profesional (con estudios superiores en planeación de aeropuertos) fue el encargado de ubicar ahí la primera torre de control de la ciudad —una estructura de madera y palma (exhibida ahora como reliquia en un entronque de Av. Colosio y Prolongación Kabah)— que orientaba la llegada de los primeros aviones que arribaban a la zona y que traían a los constructores e inversionistas que con el paso del tiempo harían de Cancún el primer centro turístico del país. Al recordar estos hechos, este pionero —hoy un hombre de sesenta y ocho años— sonríe y enmarca su mirada en una nostalgia de aquellos tiempos en que iniciaba su trayectoria como director del Proyecto Cancún (Infratur-Banco de México). Trae a la memoria entonces aquel otro momento en que compró la casa de José Lima Zuno, para habilitarla como el espacio para recibir a los primeros inversionistas. En esta casa —ubicada al lado del terreno donde se erigía el antiguo palacio municipal (en un lugar conocido como el “Parque de las nauyacas”)— se vendió el sueño de Cancún y muchos le apostaron al futuro, hoy convertido en pujante presente turístico. Igualmente, pocos conocen la audacia que llevó a este hombre a construir el canal que hoy lleva su nombre, el “Canal Sigfrido” en la laguna Nichupté. Se trataba de resolver —recuerda— un problema técnico para limpiar la laguna —en ese momento zona de aguas estancadas que producían mal olor— y dragar tres puntos que permitieran ventilar el fluido haciéndolo circular. Un sitio, especialmente, necesitaba atención: el punto cercano al actual puente Nichupté, donde había que construir un canal que hiciera circular en redondo el agua de tal manera que se limpiara constantemente. “El problema es que aún no estaban listos los estudios que avalaran la obra y que permitirían el financiamiento del Banco Mundial. Cuando éste se percató de que la obra ya estaba terminada (antes que los estudios), por supuesto no quiso aportar dinero. Lo tuvo que pagar todo el Banco de México. Por poco me cuesta la chamba”, afirma hoy con humor el que después se convertiría en uno de los funcionarios importantes de Fonatur y de la Secretaría de Turismo (como asesor del director general y subsecretario, respectivamente). Pero seguramente lo que no se conoce de Paz Paredes —hoy vinculado a los empresarios preocupados por hacer del turismo una política de Estado (como asesor de la Asociación de Hoteles de Quintana Roo y de Acluvac)—, es que en algún tiempo fue maestro de literatura, y que en su familia hay una tradición literaria dominada por la figura de su madre: Margarita Paz Paredes (1932-1980), una excepcional poetisa que dejó copiosa producción —gran parte de ella reunida en su antología poética “Litoral del tiempo”— y que se encuentra incluida en “Poetisas mexicanas del siglo XX” (UNAM, 1976) y “125 mujeres en la poesía del S. XX” (Promexa, 1981). Sigfrido Paz Paredes revela que su madre —casada en segundas nupcias con Hermilo Abreu Gómez (el célebre autor de “Canek”)— contaba con amigos tan ilustres como Salvador Novo, Pablo Neruda y Nicolás Guillén, a quienes el joven Sigfrido conoció y escuchó en las tertulias literarias que se organizaban en casa durante las visitas de éstos. Es seguro que esta atmósfera sedujo al joven y lo hizo pensar en algún momento en seguir el camino de su progenitora: de hecho, Sigfrido Paz ha escrito algunos poemas y sus contactos con la buena literatura han forjado el estilo claro y pulido que se le conoce en sus escritos ensayísticos. Es éste el estilo que recomienda Miguel de Cervantes en boca de El Quijote de la Mancha (el libro favorito de Paz Paredes) cuando parodia en un fragmento sarcástico plagado de adjetivos el uso desmedido de los adjetivos en la mala prosa. Sigfirdo Paz —hombre de muchas facetas, a quien le gustan los retos— es hoy una persona respetada por propios y extraños, admirada por sus conocimientos en materia turística y querida en la comunidad, principalmente por sus amigos, con quienes comparte una especial idea de amistad basada en la honestidad y la honradez, en la sinceridad y en la franqueza. Así lo expresa él mismo: “uno debe vivir conforme piensa, porque, si no, acaba pensando conforme vive”.