Sustentabilidad…. ¿sólo un concepto de moda?
La sustentabilidad es un concepto que parece estar en boca de muchos. Lo utilizan, desde luego, los ambientalistas, ecólogos, biotecnólogos y todos los que nos preocupamos y ocupamos por el medio ambiente y su cuidado. Pero este concepto va más allá; y lo escuchamos también de boca de los economistas, los financieros, los empresarios y hasta de los psicólogos y terapeutas. Podemos meternos un poco a la historia y origen del concepto de sustentabilidad. Quiero expresar dicho concepto del modo más práctico para después exponer por qué este término es tan importante en prácticamente cualquier área del conocimiento. La sustentabilidad se relaciona de manera directa con la teoría general de sistemas, otro concepto sumamente importante en las áreas ingenieriles y de procesos. Hay que aclarar que dicha teoría se adaptó de una premisa básica en las ciencias naturales: todos los sistemas biológicos son autorregulables. Vale la pena citar un ejemplo que clarifique esto último. Quizá hemos tenido la oportunidad de observar una “granja de hormigas”, la cual consiste, básicamente, en una pecera adicionada con arena y ciertos nutrientes esenciales. Ahí se depositan algunos huevecillos de hormigas, los cuales se desarrollan y crecen, y las hormigas se organizan de la manera tan peculiar como lo hacen separándose las tareas en obreras, reinas, nodrizas, etc. Su sociedad se desarrollará, y ellas crecerán en un número tal que todas tengan alimento y espacio suficiente para vivir. Las que mueran serán reemplazadas por nuevas generaciones y habrá un número equilibrado de machos y hembras que permita dicho balance. Ni una más. Este equilibrio se mantendrá a través del tiempo alcanzando su perpetuidad. Si la granja puede soportar, por citar un ejemplo, 1000 hormigas, la número 1001 será un factor de desequilibrio, ya que utilizará espacio, alimentos y recursos que el sistema no podrá soportar. Si, para efectos experimentales, artificialmente agregamos más individuos o disminuimos la cantidad de arena o alimento disponible, la población sucumbirá y sólo sobrevivirá el número que el sistema pueda soportar, dando origen a una nueva población. Si el desequilibrio es abrupto, y no hay tiempo para que se reestablezca el sistema, la población completa sucumbirá. Ahora, extrapolemos dicho ejemplo a un macro nivel. La pecera representa nuestro medio ambiente, y las hormigas, nosotros. Insistentemente, y como raza humana, hemos violado constantemente la máxima de los sistemas autorregulables, creciendo como población de una manera totalmente desordenada. Pero eso no es lo más grave: los culpables del desequilibrio que ahora estamos experimentando son todos los “productos” resultado de la actividad humana, tal como la conocemos hoy. La naturaleza es tan sabia que estamos lejos de poder comprenderla. Como la máxima de la autorregulación tiene que ser cumplida, nuestro gran sistema hace lo posible por encontrar dicho equilibrio. Tales intentos de autorregulación se manifiestan en los cambios que estamos observando: huracanes de magnitudes, intensidades y rutas nunca antes vistas; periodos de sequía sumamente prologados; lluvias asesinas; terremotos. Entonces, no es casualidad que la palabra sustentabilidad esté tan de moda. Es el resultado de los avisos insistentes y constantes de que debemos cooperar con el proceso de autorregulación que nuestro planeta está llevando a cabo. De otra manera, el proceso será tan abrupto que seremos nosotros quienes cedamos el paso a dicha autorregulación. Pero no se trata de sonar apocalípticos. Todo lo contrario. Este proceso de autorregulación que nuestro planeta está llevando a cabo nos ha dado, como raza humana, la oportunidad de la reflexión y la toma de acciones. Nos ha dado la oportunidad de proponer, entender y llevar a cabo acciones encaminadas hacia la sustentabilidad. Nosotros, como componentes del tiempo y el espacio que nos ha tocado vivir, tenemos el derecho de utilizar todos los recursos de los que podamos disponer con el objetivo de satisfacer nuestras necesidades. Y, debido a que todo derecho conlleva obligaciones, hablando de sustentabilidad, tenemos la obligación de dejar todos los recursos que utilizamos listos y disponibles inmediatamente para las generaciones que nos suceden. Esta nueva generación que recibe dichos recursos hará lo mismo para las siguientes generaciones y el proceso no tendrá fin. Tenemos el derecho de utilizar el agua, los recursos minerales, petroleros, forestales, acuícolas, de aire, de suelo, etc., pero es nuestra obligación dejar todos estos recursos listos y disponibles para los demás. Esto es un ejemplo biológico, perceptible. Los economistas buscan lo mismo. Utilizar los recursos financieros a la disposición, que aseguren la salud de la empresa, de la sociedad, etc., pero al mismo tiempo, dejar listos y utilizables dichos recursos para las generaciones sucesivas. Dependiendo de la actividad particular del lector, éste será capaz de citar su propio ejemplo de sustentabilidad. Entendiendo el ejemplo aquí citado, propongo la reflexión en el siguiente sentido: ¿estamos haciendo lo necesario en nuestra actividad particular?, ¿estamos dirigiendo nuestra individualidad, nuestra familia, sociedad y empresas hacia la sustentabilidad? ¿Estamos ejerciendo de manera correcta nuestro derecho a utilizar los recursos que nos permitan nuestra cómoda existencia? ¿Estamos encaminando nuestras acciones para reemplazar el recurso utilizado y lo hemos dejado listo para que quienes nos sucedan no tengan ningún problema en vivir tan cómodos como nosotros? ¿Queremos que nuestra sociedad, empresa, etc., permanezca en este planeta por un periodo determinado de tiempo o deseamos perpetuarla? Sin duda, estamos a tiempo de trabajar y hacernos responsables del concepto de sustentabilidad.







