Una realidad sin maquillaje
Dresser y su diagnóstico sobre la crisis
Fueron sólo veinticinco minutos. Eso duró el discurso. Pero el diagnóstico de la investigadora del ITAM, Denise Dresser, presentado en el foro: “México ante la crisis: ¿Qué hacer para crecer?”, debe estar resonando aún en los oídos de diputados y senadores, quienes, además, en el colmo de las paradojas de la política mexicana, incluso le aplaudieron de pie. Ahí, el pasado 29 de enero, en el Palacio Legislativo de San Lázaro, la doctora Dresser les lanzó duras recriminaciones al acusarlos de ser “empleados de intereses atrincherados” y los cuestionó “¿quién gobierna en México?”. Pero no sólo eso: dijo que la clave para el crecimiento del país se encuentra en la decisión de promover el capitalismo de Estado o el capitalismo oligárquico; el capitalismo de las grandes empresas o el capitalismo democrático.
Enviada en representación del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), Denise Dresser, la reconocida académica de este centro de estudios, periodista y especialista en ciencia política, hizo una de las radiografías más duras de los motivos por lo que nuestro país no crece a la velocidad que podría y debería, y recordó —en un recuento de responsables que no dejó títere con cabeza— que nuestro país no ha creado las condiciones para que los recursos se usen de manera eficiente.
En su discurso —titulado irónicamente “México es un país privilegiado”—, Dresser dijo que si México quiere crecer realmente debe encontrar la mezcla correcta de Estado y mercado, de regulación e innovación. “La clave del éxito, o el fracaso —dijo—, se halla en el modelo económico: en la decisión de promover el capitalismo de Estado o el capitalismo oligárquico o el capitalismo de las grandes empresas o el capitalismo democrático”.
Ante legisladores, diputados, académicos y empresarios, la analista política, columnista en diario Reforma y revista Proceso, señaló que hoy México es un ejemplo clásico del “capitalismo de cuates, de cómplices, el que no se basa en la competencia sino en su obstaculización”.
Agregó que ese “andamiaje de privilegios” y nudos sindicales en sectores cruciales —telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, energía— aprisiona a la economía y la vuelve ineficiente, pues defiende cotos, elige ganadores e impide un sistema en el cual “las autoridades crean condiciones para los mercados abiertos, competitivos, innovadores, que proveen mejores productos a precios más baratos para los consumidores.”
La profesora de la escuela privada en la que se han formado muchos de los actuales dirigentes políticos y empresariales, expresó que “hoy, México carga con los resultados de esfuerzos fallidos por modernizar su economía durante los últimos 20 años”, pues las reformas —que entrañaron privatización y liberalización comercial— “no produjeron una economía de mercado dinámica debido a la ausencia de una regulación gubernamental eficaz, capaz de crear mercados funcionales, competitivos”.
Dresser dijo que el modelo económico actual —que concentra la riqueza y distribuye mal la que hay— está atrapado por monopolios que “inhiben un terreno nivelado de juego”. Y ejemplificó: “Alguien como el dueño de una distribuidora de maíz o el concesionario de una carrera privada o el comprador de un banco rescatado con el Fobaproa o el principal accionista de Telmex o el operador de una Afore (…) capturan rentas a través de la explotación o manipulación del entorno económico en lugar de generar ganancias legítimas a través de la innovación o la creación de riqueza”.
“Y los consumidores de México —añadió— contribuyen a la fortuna de los rentistas cada vez que pagan la cuenta telefónica. La conexión a Internet. La cuota en la carretera. La tortilla con un precio fijo. La comisión de las Afores. La comisión por la tarjeta de crédito. Ejemplo tras ejemplo de rentas extraídas a través de la manipulación de mercado.”
Dresser enfatizó: “el rentismo acentúa la desigualdad, produce costos sociales, dilata el desarrollo, disminuye la productividad, aumenta los costos de transacción en una economía que —ante el imperativo de la competitividad— necesita disminuirlos. Para extraer rentas, los jugadores dominantes han erigido altas barreras de entrada a nuevos jugadores, creando así cuellos de botella que inhiben la innovación y, por ende, el aumento de la productividad”. En suma, “inhiben el crecimiento de México en un mundo cada vez más globalizado y competitivo”.
Fue en ese momento cuando la autora del libro satírico del sistema político mexicano "México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria" (en colaboración con Jorge Volpi), dijo: esta concentración de riqueza y poder económico, “convierte a representantes del interés público —muchos de los diputados y senadores sentados aquí— en empleados de los intereses atrincherados. Convierte al gobierno en empleado de las personas más poderosas del país”.
Entonces se preguntó: “¿quién gobierna en México? ¿El Senado o Ricardo Salinas Pliego cuando logra controlar los vericuetos del proceso legislativo? ¿La Secretaría de Comunicaciones y Transportes o Unefon? ¿La Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehúsan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige? ¿La Secretaría de Educación Pública o Elba Esther Gordillo? ¿La Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim? ¿Pemex o Carlos Romero Deschamps? ¿Ustedes o una serie de intereses que no logran contener?”.
Consideró que ante los vacíos de autoridad, la captura regulatoria y las decisiones de política pública, México hoy padece lo que algunos llaman "Estados dentro del Estado", o lo que otros denominan "una economía sin un gobierno capaz de regularla de manera eficaz".
Dresser dijo que “el meollo detrás de la mediocridad de México se encuentra en su estructura económica y en las reglas del juego que la apuntalan” (…), una estructura oligopolizada donde unos cuantos se dedican a la extracción de rentas; una estructura de complicidades y colusiones que el gobierno permite y de la cual también se beneficia”.
A los diputados y legisladores presentes les dijo: “si ustedes verdaderamente quieren que México crezca, tendrán que crear la capacidad de regular y reformar en nombre del interés público. Tendrán que mandar señales inequívocas de cómo van a desactivar esos "centros de veto" que están bloqueando el crecimiento económico y la consolidación democrática: los monopolistas abusivos, los sindicatos rapaces, las televisoras chantajistas, los empresarios privilegiados y sus aliados en el gobierno.”
“Si ustedes verdaderamente quieren que México prospere —agregó—, tendrán que tomar decisiones que desaten el dinamismo económico, que fortalezcan la capacidad regulatoria del Estado y contribuyan a construir mercados, que promuevan la competencia y, gracias a ello, aumenten la competitividad. En pocas palabras, usar la capacidad del Estado para contener a aquellos con más poder en el gobierno, con más peso que el electorado, con más intereses que el interés público”.
La competitividad —factor indispensable para atraer la inversión y con ella remontar la crisis— está vinculada a la competencia, dijo: “el crecimiento económico está ligado a la competencia. La innovación y, por ende, el dinamismo y la creación de empleos se desprenden de la competencia.
La inversión que se canaliza hacia nuevos mercados y nuevas oportunidades es producto de la competencia.”
La competencia, explicó, tiene que ver con la inauguración de un nuevo tipo de relación entre el Estado, el mercado y la sociedad. Y advirtió: “Porque si la clase política de este país no logra construir los cimientos del capitalismo democrático, condenará a México al subdesempeño crónico. Lo condenará a seguir siendo un terreno fértil para los movimientos populares contra las instituciones; un país que cojea permanentemente debido a las instituciones políticas que no logra remodelar; los monopolios públicos y privados que no logra desmantelar; las estructuras corporativas que no logra democratizar”.
Señaló que si del foro: “México ante la crisis: ¿Qué hacer para crecer?” no surgen medidas concretas para mirar más allá de la coyuntura, se “revelará nuevamente nuestra incapacidad para encarar honestamente los problemas que México viene arrastrando desde hace décadas. Revelará la propensión de los sentados aquí a proponer reformas aisladas, a anunciar medidas cortoplacistas, a eludir las distorsiones del sistema económico, a instrumentar políticas públicas a pedacitos, para llegar a acuerdos que sólo perpetúan el statu quo”.
“Mientras tanto —apuntó—, la realidad acecha a golpes de 327 mil despedíos, crecimiento negativo, el lugar 60 de 134 en el índice Global de Competitividad y una nación que dice reformarse mientras evita hacerlo. México no crece por la forma en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder (…) por un sistema político que funciona muy bien para sus partidos pero muy mal para sus ciudadanos. Un sistema de extracción sin representación".
DOS VISIONES
La presentación de Denise Dresser fue una de las visiones que se ofrecieron en el foro: “México ante la crisis: ¿Qué hacer para crecer?”. Dos visiones opuestas de la crisis, sin aparente posibilidad de acercamiento:
Por un lado, la visión desde la esfera de la educación superior pública, que afirma que el fenómeno de la crisis ha sido provocado por la avaricia, la especulación y la imprudencia, así como por la mala regulación monetaria y financiera, y reclama no diseñar soluciones sujetas a mecanismos de ensayo y error, porque los costos sociales a pagar serían altísimos.
Por otro, la visión desde el ámbito del capital, de la empresa privada, que asegura que el problema nacional consiste en que “la distribución del ingreso se ha deteriorado”; y que la crisis se debe al “bajo y alarmante” nivel de educación; a que el gobierno es insaciable en el gasto corriente, no planifica adecuadamente, invierte con criterios populistas, vende caros los bienes y servicios que administra, no es transparente, hay corrupción, no rinde cuentas con claridad y se viola el estado de derecho.
Lo cierto es que ahora se espera que el acuerdo nacional contra la crisis financiera, resultado de este foro, recoja las dos visiones y trate de conciliarlas de tal manera que se pongan en marcha de inmediato acciones y medidas en contra de los efectos más graves de la crisis financiera mundial. (MAM).







