La importancia de la educación latinoamericana en tiempos del COVID

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Es de todos sabido que la actual crisis de salud generada por el COVID 19 golpeará con mayor fuerza a los países en vías de desarrollo en comparación con aquellos desarrollados. Bajo ese mismo concepto el reto en Latinoamérica es mayúsculo, no solo tendrá que salir de este nuevo e inesperado desafío, sino que también de los problemas económicos y sociales que la región viene arrastrando por décadas, los cuales se agudizaran en consecuencia de esta crisis. ¿Está preparada la región para salir adelante? ¿cuenta con las bases necesarias para hacerlo? o ¿esto ocasionará que la región se rezague aún más?


En cuanto al crecimiento económico, de acuerdo a información del Banco Mundial, el PIB de la región, en dólares corrientes, pasó de $2.288 trillones en el año 2000 a $5.819 trillones en 2018 sin embargo, a pesar de dicho incremento, y de acuerdo con el informe “Panorama Social de América Latina 2019” emitido por la CEPAL, a partir del año 2014 y hasta el 2018 la población en pobreza aumentó 2.3 puntos porcentuales con lo cual, para ese año, el 76.8% de la población pertenecía a estratos de ingresos bajos o medios bajos. Aún y cuando la región crece en términos económicos la pobreza y por lo tanto la desigualdad persisten, tan es así que la región es la que presenta mayor desigualdad entre su población a nivel mundial. 


Lo anterior ha sido un catalizador para varias de las carencias que presenta actualmente la zona entre la cuales se encuentra el rezago educativo. Si bien ha habido mejoría en este tema durante las últimas décadas, los rezagos en esta materia son significativas en comparación con otras partes del planeta más aún en niveles de educación superior y educación tecnológica.


Ahora bien, algo que ha quedado evidenciado, a partir de la emergencia sanitaria declarada a nivel mundial, es que la tecnología es y será un aliado del ser humano siempre y cuando sea utilizada y desarrollada por las personas adecuadas. En particular la tecnología digital, que fue la herramienta que ocasionó que el mundo no haya quedado paralizado por completo.


En lo social, una de las consecuencias que se generan por no contar con niveles adecuados de calidad educativa es la falta de civismo, lo cual se ve reflejado con los altos niveles de corrupción en la región, solo 2 países latinoamericanos se encuentran dentro los primeros 30 lugares a nivel mundial en el Índice de Percepción de Corrupción.


Otro problema, ligado con la carencia en el sector educativo, es la baja productividad lo cual promueve, junto con las altas tasas impositivas y costos laborales, la economía informal. La cual representa, de acuerdo con información publicada en el Foro Económico Mundial, aproximadamente el 55% de los trabajos en la región en 2018. 


Las circunstancias descritas en los párrafos anteriores no son nuevas, pero la pandemia si lo es, los problemas y carencias antes descritos se harán más evidentes conforme pasen los meses de recuperación si no se actúa rápido, de manera adecuada y contundente. La región pareciera estar enfrascada en sus mismos dilemas y conflictos que la atormentan desde hace siglos.

Si los gobiernos y sociedad no logran alinear sus objetivos y prioridades el bienestar, del que tanto se habla actualmente, será solo una utopía para los piases latinoamericanos.


Es importante que los gobiernos se enfoquen en generar confianza y certidumbre, la región no va a poder salir sola de la crisis, va a necesitar del apoyo de las inversiones que puedan llegar de otras partes del mundo y poder fomentar la creación de empleos formales que no solo den mayor seguridad social a los trabajadores, sino que también ofrezcan una mejor y mayor recaudación de los gobiernos y poder tener recursos suficientes para hacer frente a las necesidades básicas de su gente.


Asimismo, es necesario promover, invertir y mejorar el sector educativo, siempre lo ha sido, no solo en cantidad sino en calidad, lograr que llegue a todos los rincones de la región, sólo así se podrán generar los recursos humanos que podrán llevar a los países latinoamericanos al siguiente nivel. Ya sea mediante la adquisición de conocimiento para desarrollar nuevos productos, servicios y/o tecnología, o bien para que sean los líderes cívicos que la región necesita para la creación de instituciones inclusivas, tanto privadas como gubernamentales, que permitirán un crecimiento exponencial e integral en la zona. De lo contrario no se podrá alcanzar un progreso sólido y permanente.


La situación mundial actual es el pretexto perfecto para que las naciones de la región revisen su agenda política y económica y cierren filas buscando como objetivo no solo el desarrollar mejores países, sino también mejores seres humanos. La salida de la crisis está en nuestras manos.

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